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La Paula i l’experiència Erasmus+

La Paula és una alumna del CFGM Cuina i Gastronomia que va finalitzar els seus estudis aquest darrer curs i tenia moltes ganes de marxar a viure l’experiència Erasmus+ malgrat la pandèmia. Aquí podeu llegir el seu Diario de la estancia Erasmus+:

ERASMUS EN TIEMPOS DE PANDEMIA
Después de casi un año de trámites, esperas y varios cambios de fecha, por fin llegó el
día que tanto esperaba y que tanto había tardado en llegar: 19 de octubre, el dia que mi
amiga Laia y yo comenzábamos una de las experiencias de nuestra vida.
Al llegar a Florencia, mi primera impresión de la ciudad se puede resumir en una palabra,
que creo que podria resumir también bastante bien nuesto erasmus: caos.
Porque nada más salir del pequeño aeropuerto de la capital toscana, nos subimos al
transfer rumbo a lo que seria “nuestro hogar” en Florencia y en este trayecto ya pudimos
apreciar lo caótica que es la ciudad a nivel de tránsito ( tanto de coches, autobuses,
motos y bicis)y a nivel urbanístico, ya que Florencia tiene un montón de calles estrechas
por las que los peatones tienen que vigilar al ir sobre las aceras ya que el retrovisor de
cualquier vehículo te puede dar un buen susto .
Al llegar a nuestro destino: el B & B La Petite Maison, nos recibieron las chicas
encargadas del sitio Vittoria y Elleonora, que no tardaron en hacernos como en casa por
el trato tan cariñoso que recibimos por su parte.
El resto del lunes, y todo el martes lo dedicamos a descubrir la ciudad visitando todo lo
que nos dio tiempo, ya que el Miércoles, nos reunimos con Giulia, la chica de
l’Accademia Europea di Firenze, y con ella iríamos a conocer a nuestras respectivas
empresas y futuros compañeros.
Yo al estar estudiando el Ciclo Formativo de Grado Medio de Cocina y Gastronomía, mis
prácticas eran en una cocina.
El restaurante al que yo iría a hacer las prácticas se llama La Menagere, y está situado en
el centro de Florencia a 2 min andando del Duomo.
A decir verdad, antes de la entrevista estaba muy nerviosa, tanto por causar buena
impresión a Nicolas, el chef y a Angelo, mi tutor de prácticas como por la dificultad
añadida del idioma, pero desde el momento en que crucé las puertas de La Menagere,
el ambiente del local me encantó y Nicolas y Angelo, fueron super amables y simpáticos
conmigo.
Mi horario de trabajo los primeros días fue de 10:00 a 15:00 de martes a sábado. Pero
debido a la gran cantidad de trabajadores de la empresa y a los cambios que iba
implantando el gobierno italiano por el Covid-19, acabé yendo a hacer prácticas de
miércoles a domingo de 9:00 a 16:00.
El restaurante se puede dividir en diversas partes, ya que el local es muy grande.
Dentro de La Menagere podíamos encontrar: El bistrot, que consistia en una cocina
abierta ininterrumpidamente de 9 de la mañana hasta cierre en el que las elaboraciones
pasaban desde desayunos con pancakes y bagels hasta comidas con pokes y ensaladas
para todo tipo de público. En resumen una cocina de elaboraciones fáciles, con mucha
preelaboración para que el servicio sea rápido. Esta cocina estaba junto a la barra de
manera que todo es visible por lo tanto hasta en los momentos de más caos, hay que ser
limpio y ordenado ya que el cliente lo ve todo.
Luego podemos encontrar la parte del restaurante, donde en los menús podemos
encontrar platos muchísimo más elaborados y refinados, pero debido al bajón de faena
por la pandemia, está parte del restaurante estaba cerrada entre semana, por tanto solo
la abrían los fines de semana.
Además dentro del propio local del restaurante hay una tienda de vajilla y una floristería.
Y por supuesto la parte de cafetería.
Por último en la planta inferior se puede encontrar una zona “chill-out” de interior con un
pequeño escenario ya que en esa misma sala se toca músico en directo, en este mismo
espacio se encuentra la barra de cockteleria, aunque toda la planta inferior está también
cerrada por el Covid-19
El ambiente del local tanto por la clientela como por parte de los trabajadores es un
ambiente muy juvenil.
Durante los pocos días que pude ir a aprender allí estuve en la parte de bistrot y en la
parte de restaurante haciendo servicio en el bistrot y bastante preelaboración por parte
de las dos partes. Estuve aprendiendo del chef: Nicolas, del sous-chef Luis, que por
cierto es Venezolano y me ayudó un montón con el idioma y estuve trabajando con Julio
y Luis, dos chicos que también eran venezolanos y la pastelera Michaela.
Por desgracia a la semana de haber empezado las prácticas en la Menagere el caos
comenzó: la situación con el Covid-19 en Italia fue empeorando, ya que nada más llegar
nosotras pudimos observar como los italianos en general eran bastante descuidados en
este aspecto con el virus, por lo tanto el gobierno decidió dividir Italia en tres tipos de
regiones: Zonas Amarillas (menos riesgo), Zonas naranjas ( riesgo moderado), Zonas rojas
( riesgo alto).
Esto, obviamente venía atado con una seria de medidas que se implantaron en cada tipo
de zona teniendo como una de las medidas en zona naranja y zona roja el cierre de
locales de restauración.
La primera semana con estas medidas la Toscana, es decir donde nos encontramos,
estaba en zona amarilla por lo cual hubo una serie de medidas como cierre de museos,
que nos afectaron pero podíamos seguir haciendo las prácticas en nuestras empresas,
aunque se implantó que el cierre de restaurantes debía ser como muy tarde a las 6 de la
tarde, cosa que ni a mi compañera Laia ni a mi nos afectaba.
En cambio a final de la segunda semana la cosa ya no pintaba tan bien en la toscana y no
tardaron en anunciar que pasariamos a zona naranja, por lo tanto aquí llegaban “los
problemas”.
En cuanto estas medidas se hicieron efectivas tuvimos la suerte de que Giulia, la socia
italiana, habló con nuestros tutores de prácticas y acordaron que ya que no podíamos
seguir yendo a los restaurantes a aprender, para ver nuestra evolución tanto en la
lengua como en las recetas italianas debíamos hacer 3 videorecetas conjuntas a la
semana.
A los 4 días de recibir la noticia de que la Toscana pasaba a zona naranja, viendo que no
mejoraba la situación, el gobierno decidió pasar a la región a zona roja, lo que significaba:
confinamiento, solo podíamos salir a hacer la compra, y no podíamos ni entrar juntas al
supermercado.
En este punto empezó el verdadero reto de nuestro erasmus.
Marisa la responsable de erasmus de nuestro instituto nos apoyó y nos dio la opción de
volver a España si la situación nos superaba en algún momento, pero nuestras ganas y
esperanzas de poder volver a disfrutar de Florencia nos hicieron aguantar encerradas 4
semanas en el B&B, hasta que porfin el dia 5 de diciembre anuncian que la Toscana
vuelve a pasar a zona naranja, lo que significaba que aunque de momento no podíamos
volver a las prácticas en nuestras empresas, podíamos salir a pasear, ver las luces y el
espíritu navideño de los Florentinos e incluso ir de compras al centro!
Mentiría si dijera que durante las 4 semanas de confinamiento no hubo días que la
situación nos superaba y no podíamos pensar en positivo, en cambio otros días,
estábamos súper animadas y optimistas.
Una vez todo parecía mejorar respecto a la pandemia, nos encontrábamos en nuestras
últimas dos semanas en Italia pero no todo era tan fácil, ya que durante el confinamiento
Laia y yo habíamos estado enfermas y tanto Giulia como las empresas nos reclamaban
un certificado médico conforme ya estábamos recuperadas totalmente, pero como
antes he dicho Italia es un caos, y el certificado parecía imposible de conseguir porque
en el momento de la visita la doctora no hizo informe médico y no había constancia de la
visita, además estaba todo tan saturado que no conseguimos hora con la doctora para
otra visita. Otra cosa a añadir es que salió una nueva medida que exige que todas las
personas que quisieran entrar a España debían llevar un resultado de una prueba pcr
negativo con 72h de antelación máxima a la entrada a españa, con lo que también
perdiamos más tiempo y se hacía más difícil volver a prácticas.
Resumiendo todo lo vivido durante estos dos meses aquí en Florencia y la experiencia
tan diferente que he vivido, creo que a fin de cuentas siempre debemos quedarnos con
la parte positiva de las experiencias y esta ha sido una que no olvidaré, además me ha
servido para experimentar lo que es vivir fuera de casa y lejos de mi familia.
Ha sido una experiencia muy de altibajos y nada dentro de mis expectativas.

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El proyecto 2018-1-ES01-KA102-048241  está cofinanciado por el programa Erasmus+ de la Unión Europea. El contenido de esta publicación es responsabilidad exclusiva del Instituto Cavall Bernat y ni la Comisión Europea, ni el Servicio Español para la Internacionalización de la Educación (SEPIE) son responsables del uso que pueda hacerse de la información aquí difundida.

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